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El Pastoreo - Ares del Maestrat
Una de las actividades más extendidas en el interior de Castellón, que en muchos aspectos se ha mantenido con las mismas lógicas de producción desde la antigüedad, es la ganadería extensiva.
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Breve historia de la Ganadería en Els Ports-Maestrat
Durante la época medieval, en Els Ports-Maestrat la ganadería de la lana fue muy importante llegando a su apogeo a los siglos XIV-XV, dónde también se trabajaba y se tejía la lana. Paralelamente, se desenrolló la ganadería ovina a la provincia de València, concretamente a la región de Alcoi y Bocairent, relacionada con el textil lanar. Así en 1510 hay en el territorio valenciano 979.000 cabezas de ganado, siento El Maestrat y Els Ports las comarcas con mayor densidad. Sólo en Morella había 25.245 cabezas, repartidas en ganados de 50 y 500 ovejas.
La expulsión de los moriscos (1609) y el desarrollo de la agricultura comercial (s. XVII-XIX) afectaron negativamente el sector, que contaba con 586.000 ovejas y 252.000 cabras en 1799. A la mitad del siglo XIX la campaña ganadera valenciana se quedó con 510.000 ovejas y 146.000 cabras. Pero la verdadera decadencia tendría lugar en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la ganadería se convirtió en una actividad secundaria en relación con la economía agrícola e industrial dominante.
Actualmente en Ares del Maestrat hay un total de 565 titulares de explotaciones agropecuarias, de las que el 91,15% tienen actividad agrícola, el 3,36 agrícola y ganadera y la 1,06% únicamente ganadera.
En Ares se desarrolla la siguiente ganadería expresada en número de cabezas: Vacunas: 422. Ovina: 4.009. Caprina: 453. Porcina: 1.500
La Masia: Todolella
Ser masovero no quiere decir sólo saber cavar, labrar, sembrar, trillar, esporgar; quiere decir sobre todo saber mezclar los surcos de la tierra con las nubes, vivir entre el cielo y la tierra.
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A principio de siglo todas las masías del territorio estaban habitadas y muy cuidadas por sus arrendatarios. Sus verdaderos propietarios casi no los conocían puesto que la mayoría de ellos residían en la capital y sólo los visitaban cada 6 o 7 años, por lo cual los arrendatarios se convertían en los propietarios visibles.
Las masías corresponden en zonas de cultivos poco intensivos, de casa aislada viviendo sobre una extensión del suelo relativamente grande, donde se complementan los cultivos de cereal, los huertos y el pastizal, y dónde el bosque es a menudo contiguo al roble y a los campos de cereales.
La Masía forma un complejo dónde la casa y el resto de edificios productivas son indisociables del conjunto de las tierras que comprenden la propiedad. En la masía tradicional coinciden la explotación agrícola y la ganadera.
Alrededor de los edificios de la masía, con la arquitectura popular de la piedra seca se definen zonas de cultivo, pequeños corrales para el ganado, para la ganada, pequeños muros que delimitan las propiedades, etc, un paisaje se repite en todos estos tipos de masías tradicionales de montaña.
La alpargata: Forcall y La Mata
La Mata, Forcall y Villores han sido desde siempre los pueblos de la comarca con mayor tradición alpargatera. Todavía hoy, en los meses de menos frío, podemos encontrar por sus calles, gente mayor en su banquillo trabajando este particular calzado. Durante años, la producción de alpargatas de cáñamo junto con la agricultura y ganadería fueron los principales sectores económicos de estas poblaciones.
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La fabricación de la alpargata
El proceso de creación de la alpargata empieza con la plantación de cáñamo (Cannabis sativa), que es la materia primera utilizada en La Mata. Hay otros materiales como son el esparto y el Iute, este último la más industrial de todos.
El origen del cáñamo se encuentra en los países del este del mediterráneo: Bulgaria, Turquía, Rumanía, etc. desde allí se extiende por toda la cuenca mediterránea, llegando en España por Andalucía. Se cultiva hasta la Guerra Civil española, momento en qué se prohíbe su cultivo por su parecido al Cannabis indica, especie considerada como droga.
El proceso de elaboración empezaba en la recogida de cáñamo, que se dejaba secar. Después se introducía en balsas de agua con objeto de separar los hilos del resto del tallo. Después se realizaban los procesos de bregada, peinado y "perxejat", en los que se acababan de separar los hilos. Unos hilos que pasaban por las hiladoras y las trenzadoras, que acababan de confeccionar la trenza que serviría por elaborar la suela.
A partir de aquí se empezaba a fabricar la alpargata, que dependía totalmente del saber fiero de los alpargateros. Generalmente los hombres eran los que se encargaban de hacer la suela en la máquina de "ordir", la navaja y el eje. También cosían las suelas con hilos de pita, ayudados de un punzón. El remate final lo daban las mujeres que cosían la puntera y las taloneras.
El téxtil: Cinctorres y Portell
La zona de Els Ports-Maestrat representa el núcleo originario de la industria textil castellonense. Debido a las escasas posibilidades agrícolas, la comarca desarrollo este sector, de tal manera que a finales del siglo XVIII ocupó a gran parte de la población. De hecho, la industria textil, sobre todo de las mantas y las fajas, cumplía una función primordial en la economía de Cinctorres y otros pueblos de la comarca.
La figura del "FAIXERO", persona que recorría la geografía española vendiendo las fajas, es una de las más representativas de Cinctorres y Portell.
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La historia del textil en la comarca
A mediados del siglo XIV decayó la manufactura de la lana, recuperándose a finales de siglo gracias a la instalación de dos fábricas en la comarca, una en Cinctorres y la otra en Morella. Estas volvieron a impulsar el sector hasta ocupar el primer lugar de la industria textil a escalera provincial. Sin embargo, la fábrica de Cinctorres pronto cerró por la escasez de agua. Durante este siglo, la manufactura adoptó el sistema de putting-out, en el que un centro fabril distribuía el trabajo entre los labriegos, que hacían la primera transformación, mientras que en el núcleo se acababa y comercializaba el producto final. La producción se realizaba en forma de trabajo a domicilio ejercido por la mujer, que alternaba la hilada con los trabajos domésticos. Los hombres ayudaban sólo cuando el clima no permitía trabajar en el campo.
En el siglo XIX era frecuente el trabajo en las casas, donde un gran número de mujeres se manejaban el telar, de su propiedad, en un pequeño habitáculo, el obrador. A finales de este siglo, debía 500 a 600 telares distribuidos por las casas del pueblo. Filas de hasta dieciséis mulas se encargaban de distribuir las fajas por toda España: Madrid, Pamplona, la costa de la provincia de Castellón e, incluso, Marruecos.
En los inicios del siglo XX sólo quedaban unos pocos talleres de lana y dos fábricas de "toquetes" en la comarca. En los años cincuenta se recuperó un poco el sector, aumentando el número de establecimientos y telares, en los que llegaron a trabajar hasta el 80 % de las mujeres. Pero la falta de renovación en la maquinaria volvió a hacer disminuir la actividad, cerrando las empresas para trasladarse a La Llanura castellonense.
Actualmente subsisten media docena de empresas familiares en Cinctorres y Portell. La mayoría de los procesos se encuentran mecanizados, pero otras como los cordones todavía hoy se continúan elaborando a mano.
La piedra seca
El paisaje que rodea Vilafranca y, en general, todos los pueblos de la comarca, ha sufrido un cambio patente a lo largo de los últimos siglos.
La arquitectura popular de la piedra seca es obra de artesanos anónimos que ejemplifican una forma de vida de qué no nos han quedado muchos elementos escritos. Son estructuras muy peculiares que conforman un paisaje completamente modelado por el hombre, pero con total armonía con el medio ambiente. Todo este Patrimonio Cultural es el legado que nuestros antepasados nos han hecho llegar, transmitiendo su cultura y la expresión de su forma de vivir.
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La necesidad crear superficie de cultivo trajo a nuestros antepasados a "limpiar" los campos de piedras con objeto de crear un perfil horizontal de suelo suficiente para poder cultivar. Estas piedras se aprovechaban por hacer muros y paredes delimitando las propiedades.
Pero este legado de arquitectura popular que tanto caracteriza nuestro territorio, se está perdiendo en el tiempo, fruto del abandono del hombre, quien, al no depender del campo por sobrevivir, lo deja a expensas de las condiciones meteorológicas.
Generalmente los paredadores no eran profesionales, eran gente del campo, agricultores y ganaderos los que dedicaban sus horas libres a hacer nuevas construcciones y al mantenimiento de las existentes. Sólo las familias con más poder económico se podían permitir el lujo de contratar paredadores profesionales, pero la mayoría de las construcciones han sido obra de pequeños propietarios con buen gusto por el trabajo.
Los pastores también han sido otras grandes creadores de las construcciones de piedra seca y de su mantenimiento. A la vez que estaban en el campo dando cuenta del su ganado, iban construyendo nuevas estructuras y reparando las ya existentes. A veces todo esto sin traer ni un simple martillo, sólo con las manos.
El horno: Castellfort
En Castellfort encontramos un antiguo horno municipal totalmente reconstruido. Antiguamente este horno se arrendaba a una persona del pueblo que se encargaba de su funcionamiento.
Actualmente el horno ubica una exposición permanente sobre su paso por la historia, además de ser utilizado para otras exposiciones culturales temporales. Pero también se mantiene como lugar de encuentro para elaborar las Primas de Santa Quitèria, tortas trabajadas y dibujadas por las mujeres del pueblo.
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El oficio de panadero
El trabajo del panadero empezaba pronto por la mañana, allá hacia las cuatro de la madrugada. La primera cosa que hacía era encender el fuego con la leña que algunos hombres le habían traído con las burras. La leña quemaba durante cuatro o cinco horas, tiempo suficiente por que la temperatura aumentara hasta unos doscientos grados. Hacia las ocho de la mañana empezaba a llegar la gente del pueblo y de algunas masías que no tenían horno propio, para cocer los panes y las pastas que habían amasado previamente a casa. El trabajo del panadero consistía exclusivamente a cocer estos alimentos.
La actividad se alargaba durante casi todo el día, puesto que todas las familias del pueblo amasaban al menos dos o tres días cada semana. No era hasta media tarde cuando limpiaban el horno de ceniza e iban a descansar. El trabajo era muy duro, puesto que todos los días del año, incluido las fiestas más señaladas, se ponía en marcha.
La manera de pagar al panadero era, hasta comienzo de los años sesenta, “el cambio”. El panadero recibía un pan por cada veinte o veinticinco panes que cocía. A partir de los años sesenta, empezó a usarse el dinero para hacer el cambio.
Muchas eran las fiestas populares en qué la gente del pueblo acudía al horno por hacer las pastas típicas de cada una de ellas: Sant Antoni: pastel de calabaza. Carnaval: "enseguinades" de grasa. Pascua: roscas. Santa Quiteria: La prima pintada (actualmente es la única fiesta que se mantiene). Raïmet: panecillos.
Las minas de hierro: Torre d'En Besora
La extracción de hierro en la Mina Esperanza Tuesto d'En Besora fue una de las principales fuentes de ingreso de la población desde los años 40 hasta 1970 que se cerró en pos de un periodo de crisis.
Tras su clausura, las instalaciones dejaron de funcionar como mina y ahora, gracias a la iniciativa de recuperación museográfica por parte del Ayuntamiento, se reabren acogiendo una propuesta lúdica y cultural innovadora que volverá a llenar de vida esta mina.
Ruta de los olivos milenarios: Xert
En Xert, típico municipio de montaña, de unos 900 habitantes, destacan ejemplares de olivos monumentales que forman parte del patrimonio natural y de la historia de este territorio, puesto que estos árboles fueron plantados y cultivados por íberos, romanos o griegos. Y la prueba es que algunos de ellos se encuentran en el borde de la Vía Augusta, siguiendo su recorrido.
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El cultivo principal en el interior del bajo Maestrat es el olivo. En esta zona destacan sobre todo, los enormes ejemplares algunos de ellos, catalogados como milenarios y que producen un excelente aceite de la variedad "fragua".
La elaboración del aceite procedente de estos olivos se realiza cuidando todos los detalles: recogida de la oliva de forma artesanal, rechazando frutos que presentan alguna tara, el molido en el "almàssera" se lleva a término inmediantamente tras su recolección, no dejando un tiempo superior a 8 horas y el aceite, garantizando así la frescura y el aroma de este producto. Es un trabajo lento y costoso pero el resultado final es un producto de máxima calidad con muy poca acidez.
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